Pues sí. Lo he vuelto a ver.

Esta vez la feliz pareja anónima de turno (al menos él iba muy sonriente, aunque con la mirada un poco empañada; a ella no le he visto la cara) iba en un coche. En un coche en marcha. Bueno, en ese momento no estaban en marcha... sino detenidos en un semáforo. Que se ha puesto en verde sin que ninguno de los dos se inmutara.

Eso sí, cuando finalmente se han puesto en marcha iban dando bandazos y muuuuy despacito.

He estado por seguirles a pie y presenciar el multazo. De hecho, a la velocidad que iban, seguro que les podía seguir dando un paseo.

Hasta he estado a punto de pedirle a algún conductor que diera un bocinazo. Sólo por maldad, claro: lo mismo, si la chica se llega a asustar, aprieta las mandíbulas y... hale, material para los perritos calientes de Y-Voy-A-La-Ruina Escurridizo.

También se me ha ocurrido la idea de asustarles yo misma, o de llamar a la Policía. Pero me ha dado cosa al imaginar la conversación telefónica. Aunque seguro que no sería la primera vez que les llamaran con algo así.

—Emergencias, dígame.
—Sí, hola, quería saber si es una infracción de tráfico que una chica se la esté devorando a su novio mientras éste conduce.
—...

De todas formas, los muy distraídos han pasado por delante del Ayuntamiento. Con sus municipales en la puerta.

Les he visto acercarse. He tenido tentaciones de quedarme a ver qué pasaba, pero tenía hambre y ganas de llegar a casa a cenar.

He cenado salchichas. No sé, me apetecían.